Sacando fotos con los celulares: paradojas de la desmemoria

  • Viernes 27 may 2016 >
  • por Equipo de Tendencias Digitales
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Hace un tiempo (tampoco tanto), usar -y revelar- dos rollos de fotos en quince días de vacaciones era una locura. Pero hoy, con las cámaras digitales y, sobre todo, con los smartphones, que nos permiten tener una cámara siempre a mano, nos hemos convertido en fotógrafos compulsivos full time.

En un solo día somos capaces de sacarle una foto al perro, al gato, a la tortuga, al nene mayor haciendo morisquetas y al chiquito también, llorando, riendo, durmiendo, mirando tele… Nos convertimos en cronistas y fotografiamos accidentes de tránsito, manifestaciones, incendios y fenómenos meteorológicos.

Pero no sólo eso, compartimos una selfie de nuestro look, una foto del libro que empezamos a leer o simplemente del teclado de nuestra PC con un mate al lado, en el trabajo. Imágenes de nuestra cotidianidad que hasta hace un tiempo (pero tampoco tanto) sólo quedaban registradas en nuestras retinas y memoria.

Con las tecnologías digitales no hay límite, hay libertad para sacar todas las que uno quiera, cuando antes el límite era el rollo”, asegura  Sheila Amado, licenciada en comunicación y socióloga de la Universidad de Buenos Aires. 

Veamos unos números para tomar dimensión del asunto. Según eMarketer, el 71 % de los argentinos tiene al menos un celular, de los cuales el 45 % son smartphones, es decir, poseen (entre otras cosas) de una cámara de fotos. Esto es algo así como 36,2 millones de líneas móviles, de acuerdo a los datos que se desprenden del infome “Mercado celular argentino 2016”, elaborado por Carrier y Asociados. Imaginen, entonces, la cantidad de fotos que los argentinos tomamos a diario.

La tendencia además es que la cámara de fotos incluida en los smartphones es un factor cada vez más determinante en la decisión de compra de un dispositivo, sólo por detrás del estándar 4G y de la durabilidad de la batería.

camaras venta

Otros datos para mensurar este fenómeno es la cantidad de fotos que los usuarios suelen subir a las redes sociales. Si bien muchas de ellas quedan en el ámbito privado, otras tantas son compartidas en la web. Por ejemplo, en el mundo se postean cerca de 38.200 imágenes a Instagram y se comparten casi 528 mil en fotos en ¡tan sólo un minuto!

1 minuto

Mientras los usuarios de Snapchat son los más activos, los de Whatsapp ocupan el segundo puesto, compartiendo alrededor de 8.102 fotografías por segundo.

El tercer puesto se lo queda la red social más popular: Facebook. Sus 1,4 mil millones de usuarios comparten alrededor de 4.501 fotos por segundo, es decir, alrededor de 350 millones de imágenes por día. En un relegado último puesto quedó Flickr, con solo 41 fotografías por segundo.

Construyendo nuestra identidad

Según los especialistas, esta “manía” por sacar fotos casi compulsivamente y compartirlas en redes sociales se debe a una construcción del “Yo“, a “un armado del relato personal”.

Muchos necesitan de ese ‘me gusta’. Es como el espejo que le devuelve la existencia. Mucha gente cree que existe cuando aparece en Facebook. Si no la ven los demás, no existe”, dice la educadora Eva Rotenberg citada por la edición online del diario cordobés La Voz del Interior, haciendo un paralelismo con la teoría del espejo de Lacan, un estadío donde el bebé desarrolla su “Yo” percibiendo el reflejo de su imagen corporal.

Pero este fenómeno tiene otra implicancia: nos la pasamos sacando fotos, pero ¿llegamos a ver, a disfrutar de esas imágenes?Estamos deshabitando la memoria. Las nuevas generaciones no construyen memoria, construyen tarjetas de memoria”, dice -muy crítico- el psicólogo Sergio Sinay.

Su colega Liliana Caro coincide en que actualmente nos interesamos más en lo que está pasando “en el instante” que en “lo que permanece”. “No está el hábito de volver como cuando existía el álbum de fotos de papel, no miramos 500 fotos en la computadora, si es que las encontramos en la computadora”, señala.

En la película “La increíble vida de Walter Mitty” hay una escena, no muy lejos del final, en la que el personaje principal, interpretado por Ben Stiller, logra encontrar, luego de una odisea, al fotógrafo Sean O’Connell (Sean Penn) en unas montañas del Himalaya. O’Connell trabaja (igual que Mitty) para la revista Life, y en esta oportunidad está apostado con su cámara sobre un trípode entre las piedras y el hielo esperando ver aparecer al mítico leopardo de las nieves para fotografiarlo y publicar la imagen en el próximo número de la revista.

En un momento, el animal aparece, a lo lejos. O’Connell se queda petrificado, observándolo por fuera del visor de la cámara. Pasan los segundos, y entonces Walter Mitty le pregunta si no va a fotografiarlo. O’Connell, entonces (palabras más, palabras menos) le responde que no. Que por una vez desea poder experimentar el momento, disfrutarlo, vivirlo. Y no perdérselo por estar desconcentrado mirando por el visor de la cámara, intentando tomar una buena foto. Finalmente, el leopardo de las nieves desaparece de su vista.

¿Será cuestión entonces de que pongamos un freno a esta compulsión por tomar fotos con el smartphone? ¿No deberíamos hacer como O’Connell, dejar de registrar tanto nuestro mundo y tratar de recordarlo y vivirlo un poco más?

Foto: Shutterstock



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Equipo de Tendencias Digitales

Somos el equipo de producción de contenidos de Tendencias Digitales, el primer blog corporativo de una empresa de servicios públicos en la Argentina. Desde 2007 analizando tecnología, empresa y sociedad en la era de los medios sociales. Hoy, integrado en Planeta Telefónica.
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