La “computación en la nube” o “cloud computing“, en inglés, es una modalidad que cada vez va ganando más espacio, tanto en quienes comenzaron (comenzamos, mejor dicho) a recurrir a este sistema para almacenar y compartir archivos, como en las empresas, que de una forma u otra comenzaron a ofrecer servicios basados en ese concepto.
¿Por qué sucede esto? Porque los beneficios son muchos. Y el que seguramente más se destaca es la de la ubicuidad o disponibilidad: al no necesitar de un disco rígido, ni un pen-drive ni un CD o DVD, todo lo que hace falta es una conexión con Internet. Nuestra información, o nuestras aplicaciones, quedan en la red, y podremos acceder a ellas desde cualquier lugar con acceso a Internet en cualquier parte del mundo (sigue).
Adicionalmente, no es necesario invertir tiempo ni dinero en actualizar las aplicaciones, ni es necesario recordar llevar con nosotros el correspondiente dispositivo de almacenamiento con los archivos que necesitemos usar fuera de la oficina (que a veces se pierden, como los pen-drives).
Otra ventaja de trabajar “en la nube”, en parte consecuencia de todo lo anterior, es la facilidad. Se terminan las confusiones derivadas de usar distintas versiones del mismo documento, ya que al estar disponible desde todo momento y lugar siempre se trabaja con una misma versión. Y esto sin contar, claro, con el hecho de que algunos servicios permiten la colaboración entre varias personas sobre el mismo archivo: así, se gana en agilidad, además de eliminar la mencionada pluralidad de versiones del mismo documento y las eventuales confusiones y pérdidas de tiempo.
Y tampoco habría que soslayar la cuestión de la economía. Que no sólo tiene que ver con dinero, claro: ya no se usa tanto hardware y software en nuestra oficina para trabajar con la información. También se genera ahorro en tráfico vía mail, en el ancho de banda necesario para enviar documentos por adjunto (especialmente crítico cuando se trabaja con documentos muy pesados) y, además, en megas (o gigas) necesarios para almacenar documentos en los discos rígidos de la o las personas que intervengan en el proceso.
Y el ahorro también es en energía eléctrica, con lo que este punto tiene, también, un aspecto ecológico, ya que contribuye a su uso eficiente. En la “nube”, la energía consumida es sólo la necesaria, reduciendo notablemente el desperdicio.
¿Por qué la mención al “cloud computing“? Porque en Telefónica ya venimos ofreciendo diversos servicios que se enmarcan en esta modalidad. Entonces, decidimos contar cuáles son, qué ventajas tienen y cuáles son los beneficios que ofrecen. Pero no lo vamos a hacer ahora y todo de golpe, sino que vamos a ir haciendo un post por cada uno: inauguraremos una serie de entregas que llamaremos “Telefónica en la nube“, y las iremos publicando paulatinamente.
Y queremos que sea algo más ameno que simplemente contar sus características así, por escrito, así que vamos a entrevistar a sus respectivos Jefes de Producto en video para que nos cuenten. En el próximo post, entrevistaremos a Leonardo Rubino, responsable de Aula365 Speedy.
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